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sábado, 19 de abril de 2014

TARJA COFRADIERA. VIII. EL RECUERDO: FINIS GLORIAE MVNDI.









          Buenos días, lector, por decir algo, vacíos que estamos. Vacío para llenarlo de la memoria y el recuerdo que al fin la Semana Santa y las Cofradías más Cofradías y Semana Santa son cuanto más recuerdo por la memoria tienen. Comienza otro peregrinar, otro nuevo ascenso al Monte Carmelo, otro año de mística del vacío interior, la visión espiritual del recuerdo y la plenitud hasta la cima con el éxtasis de un paso en la calle. Pero cuidadito con el carro de fuego del Profeta Elías, a ver si nos arrebata de lo jartiblísimos que nos ponemos con esto de las cofradías y salimos chamuscados.


          Porque hoy, Domingo de Pascua de Resurrección, no nos resucita nadie, ni las procesiones catedralicias metidas con calzador por esa tendencia de lo religiosamente correcto. Claro, claro que sabemos que Él resucitó y subió al Cielo después de darse una vueltecita por el Infierno, que en el Purgatorio estábamos todos nosotros –miserere nobis– los capillitas (¡hum!, qué bien me sabe entre tanto "cofrade comprometido"... con sus intereses). Y fue Él y nos dijo: "Me tenéis más que fritito, hijos míos, con tanta salida (de las extraordinarias ni os cuento), ea, ahí os quedáis penando". Y es que (estaba deseandito de meter un "y es que" para darme tono de manual de estilo, postmoderno por supuesto) los capillitas somos mu' malos. Mira que inventarnos eso de que nos lo pasamos divinamente en Semana Santa porque en el fondo sabemos lo de la Resurrección. Hay que ser falso, con la penita que se nos queda en el cuerpo tal que hoy. Es como si la delectación oyendo el Officivm Deffvnctorvm de T. L. de Victoria la atribuyésemos a que sabemos que el muerto al final  resucitará. Demencial.


          Ahora que le entrego, lector, esta última de ocho tarjas –vamos con la trasera– ya sabemos de lo que le he estado hablando: las claves. Que nos gusta, que amamos a la Ciudad: Jerez. Que no somos localistas y entendemos nuestro amor en un marco más amplio: el antiguo Reino, la Bética –el Sur no, por favor– o llámelo como quiera. Que ese amor no es que no nos deje ver defectos, lo mejorable, pero que sobre todo no nos permite soportar las barrabasadas que le puedan hacer, que la ninguneen a su capricho.


          Que nos gusta la Semana Santa como manifestación artística y de nuestro sentir religioso, por supuesto, y de mucho más. Que somos creyentes sin necesitar para ello a las cofradías, pero ayudar, ayudan, que somos humanos. Que no nos creemos ni la mitad de lo de "cofrade comprometido" –compromiso, compromiso: vivir lo más dignamente posible con el sudor de la frente–. Que tampoco nos creemos esas zarandajas para justificar placeres estéticos. ¿Que lo bello acerca más a Dios? Claro. Pues mire la liturgia al uso. A ver, dígame... qué penita ¿no? Que nuestra Semana Santa es una manifestación del sentir popular, el nuestro, y por tanto tradición. Y que por aquí eso se conjuga con formas, estilo, mesura, discreción, prudencia, respeto y muchísimo señorío.


          Y que estamos pero que muy cabreados con las insensatas e irrespetuosas innovaciones gestadas en altas instancias y puestas en práctica por otras menores e incomprensiblemente subordinadas. Inventos que han lesionado tradiciones, respetables soberanías y pareceres (por imponer los suyos); que se han llevado a cabo precipitadamente (m... el último); y, sobre todo, que han salido por el asentimiento borreguil –a ver quién se mueve en la foto– de las hermandades y el esfuerzo boyeril de los hermanos anónimos –éstos sí que están comprometidos– de una forma emocionante por patética en última instancia.


          En fin, que nos gustaría ver más caritas de asco –y Jerez las sabe poner muy bien, pero no en el momento– ante las charlotadas de chuflas con poquísimo respeto por la Ciudad y los jerezanos. Que el amor por la Ciudad se traduce en formas y estilo, rigor y veracidad proponiendo innovaciones y acontecimientos (eventos... ¡me encanta!) muy bien meditados y con la antelación suficiente para que por la crítica sean susceptibles de mejora o aplazarse o no llevarse a la práctica. Y todo con sigilo y mesura, que tocamos algo muy importante. Lo que ha pasado aquí es de vergüenza y de no tener ninguna los inventores y los que no han dicho ni pío o han piado de espaldas o muy flojito (bueno, el temor a los hilos que el poder mueve es humano y hay muchos intereses creados y mucho "compromiso").


          Así de clarito, que yo, afortunadamente, no necesito reconocimientos ni abrazos oficiales para decir lo que pienso; ni quedar bien y de "cofrade comprometido" o buena gente; ni pongo en medio a ancianitos y discapacitados –un poco de caridad y vergüenza, que falta mucha, señores– para justificar lo que hago; ni cuestiono la jerezanía de los que no estén de acuerdo conmigo; ni pongo por delante mi cristianismo para no responder a lo que no puedo; ni mi buena voluntad para justificar errores. Un dirigente debe aceptar la crítica y responder. Yo no lo soy. Y como sí que soy persona (que es más que ser hombre), libre, sin medros ni intereses ni miedos, jerezano y con una vastísima cultura cofradiera (pa’ que tiemble el misterio, con perdón) no me retracto de lo que dije (sería una cobardía y una mentira ya que lo pienso) y además me permito decir, con todo el respeto, lo que digo.


          Parece mentira que Todo haya terminado. Hemos disfrutado de nuestra Semana Santa, que es y fue siempre –no lo olvidemos– esplendorosa gracias a las Cofradías que en realidad son los jerezanos –atención a las palabras de algún personaje arrogando para la institución que encabeza el aumento del esplendor–.


          Se va asumiendo nuestro puesto de segunda Semana Santa sin complejos y con la conciencia y el orgullo de no haber tercera, y así lo han manifestado algunas personalidades del mundillo cofradiero. Eso es asumir lo que somos, enmarcarnos, que tanto nos gusta –sobre todo con un marco bien gordo aunque sea lienzo chico y de pintorzuelo aflamenca’o, y colgárnoslo en la salita–.




                                                                                                          AUREO SANZ RUIZ


Publicado en el diario “ABC. Edición de Jerez” el 15 de Abril de 2001, Domingo de Resurrección. 








Fotografías: Áureo Sanz Ruiz

viernes, 18 de abril de 2014

TARJA COFRADIERA. VII. LOS COSTALEROS: STATVIT DOMINVS SVPRA PETRAM PEDES MEOS ET DIREXIT GRESSVS MEOS.









           Qué le digo, lector, en Sábado Santo con el cuerpo desbarata’íto como lo tenemos, henchidos por tanto gozo y que ya Todo se nos ha ido de las manos. Pues nada, porque no estamos ni para nostalgias, sin tener ganitas de na’, hasta con asco de cofradías, que nos ponen un marchita en el "compa" y miramos al tío con cara de perpetrar un asesinato (garrote al que ponga una de la “Presentación” de Dos Hermanas con una jartá’ de solos de corneta y silencios con tambores sordos). ¿Y si tomándose hoy el primer café con cara de toro resabia’o, van y le ponen la última creación de Rogelio Conesa (Melody Record): "El pájaro morado cruza los cielos..."? ¿O esta otra: "In ictu oculi"?             


 – ¡Niñooo... metete el disquito por el o... culi! 


          ¡Ole, qué arte! Hoy que no tenemos cuerpo. Entonces marchando, la que marcha es una de costaleros. Pues mire, lector, lo primero que le diría es lo malamente que andan la inmensa mayoría de los pasos en Jerez. Lo que le digo: que es lo primero que se te viene a la vista. Y no me refiero al trabajo en general de la gente de abajo: alardes, esfuerzo, empuje, casta y corazón. No. Digo: andar, es decir, el movimiento rítmico que se produce en el paso cuando elevado va progresando. Nosotros por aquí, tan amantes de la perfección, la mesura y el auténtico pellizco nos hemos decantado por una forma concreta de llevar los pasos. Abominamos –tibi soli peccavi– de las desmesuras malagueñas (preferimos una berlina germana que una limusina con chófer negro y rubia de melena leonina, tacones de aguja, minifalda de tubo, muy siliconada), de la regularidad preconcebida (como los penitentes de Cartagena desfilando), de las ruedas vallisoletanas o de las mecidas de la "capital" (que un poco más y aparece un paso patasarriba en La Caleta). Incluso hemos desechado la forma tradicional de cargar en Jerez (y en todos los lados) aunque conservemos sabrosísimas reliquias.


          En fin, lo que nos gusta de verdad –¿de verdad?– son movimientos leves, sincopados, cortitos, por derecho. Ligerísima oscilación hacia un costero que se interrumpe bruscamente para irse al otro. El mismo sincopado –o abreviar antes de terminar; lo que se apunta pero no sucede– de una media verónica o las bulerías: eso es el arte y la gracia. Lo malo es que los pasos en Jerez no solamente oscilan suavemente de un lado a otro sino también de arriba a abajo: botan; y eso ya no tiene gracia.


          Hablando con gente de abajo, que yo nunca me he hecho la ropa (con lo bien que se ve un paso desde fuera) me dicen (los sensatos y no los chuflas localistas) que existe un doble problema: la molía y la forma de trabajar. [1] La molía evidentemente es un invento diabólico: funcional y estéticamente. Dicen que la tradición. ¡Pero si es algo de ayer por la tarde! Para tradicional: horquilla y hombro. De ayer y porque no se sabía hacerse la ropa, algo que requiere técnica y tradición. Se justifica en ambientes pregoneriles y de mucha exaltación poética como el horcate y manta –en comparación con el costal de supuesto y falso origen en los estibadores sevillanos– de las mulas de los tiros de carros de bodega. Pues mire, pa’ compararme con una mula, compare a su señora m... Podíamos sacar ahora los techos de palio a dos aguas como las naves de bodega (¡Qué bonito, qué bonito hijo, y mu'd'aquí!). Por favor... seamos serios. 


          En cuanto a la forma de ir trabajando, me dicen que la cuestión es que se hace con los pies y no con la cintura, por derecho. Pero que resulta que con costal se trabaja mejor con la cintura porque, entre otras cosas, no te permite aliviarte levantando los pies. Y lo que me dicen yo lo veo diáfano, lógico. Pues está claro: las molías para enganchar en quinta a la media en la Feria. 


          Otro problema, no tan extendido, es la forma de avanzar y los alardes, diríamos, circenses (fuerza y juventud; y mucho relevo). Había que ver a aquellos costaleros antiguos: chicos, complexión de hambruna, pechos de tisis y celtas cortos; sin alardes –que no podían–, con mucho corazón y miseria, calzando la mitad del paso, pero andando siempre por derecho. Porque mire, lector, entre eternas entradas en, ay, la Rotonda, vueltas (ahora revirá’s de los informadores "cofrades" y cursis) y recogí’as, entraditas y salidas perdemos mesura y fugacidad. La medida y lo efímero, tan manidos pero que son la clave de la Gracia. Sobre los de costero a costero desmesurados y los arreones p'alante con paradiña (balón ajustado y... ¡gol!) sobre los pies no le digo nada, por no decirle de los pasitos p'atras. En verdad bien, bien: venga de frente, siempre de frente, poquito a poco, no corré’... Lo demás pa’ las gogós de Yoryidán, que las voces debajo del paso las mandamos pa'l coro de una opereta en el Villamarta. 


          En cuanto a capataces, que se debe utilizar el terno de luto riguroso, pero... si ya no se utiliza chaqué ni en el Pregón. Camisas de cuadritos de mantel y corbatas de tonos metálicos (que chic, sssabesss... te lo juro) para la caseta de feria. Lo ideal: pasar lo más desapercibido posible en cuanto a gestos, voces, movimientos y saluditos –con abrazos y palmoteo de espalda y una lagrimita aflorando... ¡uf–. Y lo más percibido con respecto a autoridad y mando. 


          De los hermanos costaleros no hay más que hablar: las cuadrillas son un imposible. Nos vienen las de aficionados que trabajan todos los días bajo las órdenes de un grupo de capataces escogido. Es, será así, y bien está. 


– ¿Se va a dar este año usted una revirá’ por la Feria? (léase: vuelta).               


         Pues mire, yo la revirá’ cuando estoy hasta las trancas de copas y me marco una sevillanita. Que luego viene la recogí’a y se me va el paso de un costero al otro, p'alante, p'atrás (“Aguantarse ese costero...”) cuando quiero cruzar la puerta de mi casa (“Que no roce un vará’...”) sin Marcha Real pa’ coger la cama (“A tierra to's por iguá’...”).




                                                                                                          AUREO SANZ RUIZ


Publicado en el diario “ABC. Edición de Jerez” el 14 de Abril de 2001, Sábado Santo.








NOTAS (Para lectores sevillanos poco hispalizados con escasos conocimientos béticos)


[1] En Jerez, como todo el Orbe Católico, los pasos consistían en andas de reducidas dimensiones –las exuberancias costasoleras provienen de los años veinte del siglo pasado- en forma de parihuela que se portaba a hombros con horquillas. Algún paso, como inestimable y sabrosa reliquia, queda en la actualidad así portado en la Ciudad, con cargadores que visten túnica con cíngulo y paño ajustado sobre la cabeza a la manera “egipcia” llamado velo y que se ayudan de una horquilla. Con el renacer Regionalista de la Semana Santa jerezana al calor del que este movimiento había producido en la de Sevilla, los pasos se enriquecieron a su imitación –importando incluso enseres directamente de la Urbe- a la vez que se agrandaban, adoptándose el modo de cargar sobre la cerviz de los costaleros que bien en labores como mozos de cuerda o “gallegos” bien en la de estiba del puerto habían sido comenzados a contratar en el siglo XVII por el Cabildo de la Catedral para el transporte de las andas de la custodia que cobijaba a Su Divina Majestad Sacramentada en la procesión del Corpus Grande, bajo un paso provisto de sus correspondientes faldones que los ocultaban de la vista de los espectadores. Afortunada forma de portar los pasos que se fue adoptando con rapidez por las cofradías de penitencia para sus andas, a las que permitió su aumento de dimensiones; el que el canon de las figuras fuera por tanto un poco superior al natural –medidas perfectas para que una vez entronizadas no resultaran chicas a la contemplación desde la calle-; a pergeñar pasajes de misterios de la Pasión más complejos escénicamente y numerosos en cuanto a personajes; a enriquecerse, en fin, estéticamente. Por motivos técnicos –no saberse hacer la ropa- se adopto un sistema de compromiso que fue liar el saco del costal en redondo para que quedara como una morcilla que doblada se colocaba al cuello a la manera del horcate y manta de las bestias de carga. Es obvio que, pese al perfeccionamiento del artilugio y el primor de la gente de abajo, no se trabaja igual con un elemento que con otro. Pero en el terreno de las esencias patrias hemos entrado y con el plano de la historia legendaria cuando no falaz, al modo del más puro y acrisolado nacionalismo localista regional español, ampurdanés o vizcaitarra mismamente, hemos topado. Y como buenos baturricos al paso del tren -aquí al peso de los acontecimientos y la evidencia-: “Chufla, chufla, que como no te apartes tú…” 









jueves, 17 de abril de 2014

TARJA COFRADIERA. VI. LA MUSICA: AVDITVI MEO DABIS GAVDIVM ET LAETITIA.









          Escuche, lector, el pausado latir de la Ciudad que amanece –bella, madura– al esplendoroso Jueves Santo, único ya, ay, reluciente. Oiga la confortación para el cáliz de  amargura que apuramos porque esto se nos va: "Mira, percibe rastros de  pasados, de historias, surcos leves, ceños de la memoria, mas que, nueva, la mano te tiende. Los momentos bebe para sentir –lo bello breve– las frágiles horas que queden antes que lo inexorable las reste y sea Todo la nada como siempre. Goza como si Todo empezase, quedando tan solo un instante, tal si un mundo quedase. Que el tiempo pase si el reloj no se mueve, como si ayer domingo no fuese, que hoy tampoco es jueves. Toma la Ciudad, no preguntes, con ella vete aunque el final se acerque: hoy, madrugada, viernes... y oye".   


          Porque, lector, ahora –las postrimerías– levantar quiero paños de altar: echar por tierra, con acoso y derribo, el repetido lugar común de los Silencios de por aquí (el Sur para los bobos). Y monto el palo a ver si cojo carne, que de amparador me traigo a López Farfán, y doy una echada con voltereta. Lo del silencio empezó por el que presuntamente interpretaron cuatro catetos que se producía en la Plaza de Toros de Sevilla. El invento se extendió como un reguero: noveleros que son los sevillanos, que somos por aquí. Y nadie fue y dijo: "Miren ustedes, yo no me callo la boca, es que cuando estoy interesado ni respiro". No es silencio (el acto voluntario de callarse), es expectación: no decir ni pío porque estás con los cinco sentidos en algo. Esta errada visión (de la voluntariedad) se trasladó a otros ámbitos (como se dice ahora): la Semana Santa. Pues bien, en Semana Santa no hay silencio: todo es sonido. Ondas que se propagan por el aire y capta el oído traduciéndolas en sensación auditiva. Las interpretaciones locas para los sanfermines y Jéminguai.


          No hay un instante de calma al oído. Incesantemente se pone el aire en movimiento por sí (viento) o por el hombre. Constelación de sonidos que hacen de estos días algo inefable (a pesar de las nuevas grabaciones directas de la calle).     


          ¿Quién graba los sonidos del viento? El leve azote de banderas y capas. El chisporroteo de las velas. Las hojas de un olivo. ¿Y los de los procesionantes? El arrastrar de sandalias y el crujido de pies desnudos. Las conteras de astas contra el adoquinado. La demanda de campanas y las cadenas de incensarios. ¿Y el que produce la gente de abajo? El tintineo de la plata. El ritmo de las bellotas. Lo seco de un llamador. El cimbreo del palio y los varales. La crujía de una vieja trabajadera. La levantá' convulsa. El estremecimiento de una parihuela. El retumbo de un manto cayendo sobre el pollero. Las alpargatas racheando.


          ¿Y la articulación del aire espirado? La tos ahogada por unos faldones. Un susurro de contraguía. La seca voz de mando. Lo sordo de un sollozo. Los entrelabios de una plegaria. El murmullo de la expectación. El pálpito de la emoción. La admiración: "Qué bonita vah, Ma’re mía". El desgarro de los flamencos.


          Pero para aire el que pasa modulándose a través de madera y metal, acompañado del ritmo de pellejos tersos y discos vibrantes. Música y cofradías: ahí es nada. Cornetas y tambores, banda completa: ensueño de la Pasión y sueño el resto del año. Repasemos, lector, y ante tanta última eclosión, escojamos, espiguemos.


          La música de capilla: empieza a proliferar, cuidado (hasta en Ceuta y de Moreno). En Jerez, desde ayer por la tarde y, por ahora, contenida.


          Agrupaciones musicales: perdón, pero hay que hablar, mal que me pese, como fenómeno. Sin duda el más nefasto para la música cofradiera desde los años setenta (relajación al brazo secular y hoguera para la Banda de la Guardia Civil de Eritaña et alii).


          Cornetas y tambores: estado actual de afeminamiento... Amariconamiento, joé, que en Jerez hablamos claro por lo menos tomando una copa, que en público... y sobre todo en programas "cofrades" (y perdón por el empleo de tan repugnante adjetivucho), que no cofradieros. En pleno auge de las agrupaciones (en los setenta con xilófonos, armónicas de la "yenka" y flautas de la "egebé") quedaban tres islas (refvgivm peccatorvm): Policía Armada, Armaos y Patón. Nacen Cigarreras, Tres Caídas y Sol: esperanza de los aficionados.


          Proliferan nuevas marchas por mor del disquito anual, los solos de corneta y el rebuscamiento en un toque marcial y varonil (con perdón). En fin, como si ese hijo al que ves crecer ilusionado va un día y te dice: "Papá, este año en vez de nazareno me visto de drac-cuín". Pa’ matarlo, vamos. 


          Bandas de música: hay más y mejores formaciones (¡qué diferencia con hace unos años!) pero se multiplican, ay, locamente el número de marchas.


          Ante tanto gitaneo, melifluidad y amaneramiento en las nuevas composiciones, lector, véngase conmigo por la memoria de la marcha procesional: fúnebre, solemne o triunfal. Los inicios: Font y Marimón (Quinta Angustia); Gómez-Zarzuela (Valle); Font y Fernández De La Herrán (adaptación de Ione, Lanzada); Font De Anta (inigualables Amargura y Soleá); un foráneo, Pascual Marquina (Procesión); nuestro maravilloso y minusvalorado –ay, Jerez de mis entrañas– Álvarez Beigbeder (por no levantar polémica: la que se iba a formar si el "Carmen de Salteras" interpretase Virgen de San Gil); López Farfán, revolución y escuela (Campanilleros y Estrella Sublime). Los de alrededor de la última contienda: Vidriet (Rocío); Pantión (Penas); Peralto (Hiniesta); Borrego (Vera Cruz); Cebrián (Nuestro Padre Jesús). Los tres magníficos Pedros: Braña (Coronación); exquisito Gámez (Saeta, Patrocinio, Subterráneo); cofradiero Morales (Esperanza Macarena, Negritos). Otros coetáneos: Ramos (Aguas); Lerate (Dulce Nombre). Mención: Albero, Morón, Velázquez. No mencionados: las moreneces, pa’ los pregones; los abeles, pa’ echarlos a los caínes; las madrugá's, con la de esta noche nos sobra.




                                                                                                          AUREO SANZ RUIZ


Publicado en el diario “ABC. Edición de Jerez” el 12 de Abril de 2001, Jueves Santo. 








Mira, percibe 
rastros de  pasados, de historias, 
surcos leves, 
ceños de la memoria, 
mas que, nueva, la mano te tiende. 



Los momentos bebe 
para sentir –lo bello breve– 
las frágiles horas que queden 
antes que lo inexorable las reste 
y sea Todo la nada como siempre. 



Goza como si Todo empezase, 
quedando tan solo un instante, 
tal si un mundo quedase. 



Que el tiempo pase 
si el reloj no se mueve, 
como si ayer Domingo no fuese, 
que hoy tampoco es Jueves. 



Toma la Ciudad, 
no preguntes, 
con ella vete 
aunque el final se acerque: 
hoy, Madrugada, Viernes... 
y oye". 





miércoles, 16 de abril de 2014

TARJA COFRADIERA. V. LAS VIRGENES: PER ME REGES REGNANT.









          Ave Maria, lector, Beata Virgo, Regina Angelorvm, con los ecos todavía revoloteando de toques –cornetas y tambores–, perdidos como hemos estado en el Dédalo de calles, memorias y emoción, sin rumbo, arrastrados por los sentidos –tras el hilo de un guardabrisas, al rescate de nuestra Mariadna (Sine Labe Originale Concepta), por Minotauro la bulla–. Hoy, Miércoles Santo, día de tantos dolores y amargura –que el cuerpo parece que ya no tira (siempre lo mismo) sabiendo que mañana (otra vez más) incólumes estaremos–, me dispongo a tallar la quinta tarja.


          Relieve mariano y gótico, porque en el centro voy a colocar al responsable de todo esto, ca paresçeme que bien era mu'd'aquí. Y pongo, como en la viñeta de una Cantiga, amarilleando el pergamino –castillos, leones, águilas explayadas– al mui ondrado esforçado e poderosso Rey D. Alphons cognomen El Sabio Decimo de los deste nome Nuestro Sennor que conquisso Xerez a la morisma e en buena lid gela ganno. Que ya Sancta Maria lo despertó en Sevilla de la siesta (mu'd'aquí) cuando cercado estaba el Alcázar de Jerez. Don Alonso, devotísimo de Nuestra Señora, como su padre San Fernando, nos sembró de imágenes la tierra: negras o blancas –juego de las Tablas– y góticas. Pero repare, lector, en un tipo muy definido, nuevo, que se me antoja suyo, alfonsí, diríamos: Reyes, tríplex con Santa Ana en la parroquial trianera, Rocinas (o Rocío) y, lo sospecho, Merced, la Patronita. Quitemos afeites, retoques posteriores: tamaño natural, facciones alargadas, pómulos lisos, boca pequeña de comisuras casi sonrientes, hieratismo, de vestir. O sea, si no para procesionar sí para sentirlas, sentadas o de pié, humanas, cercanas, como una más de la familia, tan reales (en la Capilla Real hispalense, flanqueaban a la Virgen los maniquíes de D. Fernando y Dña. Beatriz de Suabia, sus padres, y el del propio D. Alfonso). Resumiendo, esto de Virgen tan de carne y hueso, divinamente humana, tanto palio y tanta flor me huele a Rey Sabio, y mucho (que me lo imagino disfrutandito en una bulla con "Virgen de las Aguas", del Salvador, por supuesto). Nunca se escribió Cantiga ni Loor a Sancta Maria que un paso de palio y todo nuestro fervor, hasta derramar sangre si preciso fuere. Y así lo hace Jerez.


          Simulacros marianos, lector, transidos del dolor y la belleza. Portentosa serie antigua de imágenes feas, hermosamente majestuosas: Remedios, Dolores, Amargura, Mayor Dolor, Piedad. Sobrecogedor grupo, llamaríamos, intermedio: Desconsuelo, Desamparo, Confortación, Esperanza de San Francisco, Esperanza de la Yedra (que quiero atribuirla a Hita), Valle, Traspaso, Soledad. Las de Gloria vestidas, como antaño, de dolor: Paz y Socorro. Las niñas astorguianas: Paz en su Mayor Aflicción y Loreto. El esplendor juvenil: Estrella y Misericordia.


          Tanto dolor y belleza no podía cobijarlo sino un palio –símbolo de realeza; reservado a Su Divina Majestad– que lo fue Ella misma durante –Oh– su expectación. Y arropada de plata, ricos paños, cera y flores paseamos a la Madre de Dios en los pasos de palio (dicen que perfección y armonía sumas) que se caracterizan y distinguen precisamente por el palio propiamente dicho. Hora es de evocar los nuestros (dignos de cruzar la Campana; retornar directa o figuradamente, que allí nos dieron el molde). El trío antiguo –tan traído como poco llevado–: Piedad (gruesos roleos, filetes mixtilíneos finiseculares: lo más exquisito); Mayor Dolor (juanmanuelino, arcaizante; el manto, aún más); Desconsuelo (últimos acantos todavía con regusto decimonónico de Juan Manuel; tan fabuloso como preñado de leyendas de imposibles rescates). Una recreación: Encarnación (del ojediano de la Hiniesta, que ya no conserva la forma de cajón). Dos derivaciones del canon macareno: Desamparo (Caro, a través de la Caridad del Baratillo) y Esperanza de la Yedra (versión original). Tres muy hispalensemente inspirados: Paz de la Coronación, Esperanza y Valle. Otros, originalísimos, más distantes: Soledad, Traspaso, Confortación. Muy jerezanos: Paz, Dolores, Amargura.


          Y de nuevo, lector, contemple el aliño y primor con que los sacamos; la sutileza en el detalle, la nota distintiva o de distinción. ¿Ha comprobado cómo determinadas imágenes –por aparentar más edad, dolor, amargura o soledad– no llevan flores rizadas? ¿Quién fue el estulto que asoció: palio de cajón sin velas rizadas; con ellas, todos los demás? ¿Ha reparado en el tamaño medido de las piñas –perfecta elipse u ova– de entrevaral, compactas, tersas? ¿Y en esas esquinas despejadas y los frisos de un clavel, dejando ver plata? ¿Y en el clasicismo del clavel, siendo tan extenso y florido el Reino Vegetal? ¿Y en ese que todo, casi milagrosamente, vaya bien colocado? ¿Se imagina una gloria al revés, con la tiara pontificia pa’trás, mirando pa’ Coria?


          ¿Y esa mesura en los aditamentos, que por fin pasaron las modas de enjoyamientos –ay, camareras de rumbo y apellido– y fajines de por lo menos mariscal de campo? ¿A que no se figura una Dolorosa con tres vueltas de perlas al cuello o con pendientes de coral, como la que va a una recepción –militar, por supuesto– o a zapatear en un tablao? ¿Y la belleza de los mantos caídos, sin recoger, en las más clásicas? ¿Y en ese sentido de la medida con que transformamos la espada de dolor en rico puñal, que una imagen con el estoque tendido, y más si va de colora’o, nos recordaría una brocheta de solomillo de caérsete las lágrimas?


          ¿Y esa selección de marchas, cada cofradía adecuándola a su estilo? ¿Se imagina a la Piedad, la Soledad, el Mayor Dolor o la Amargura, pongo por casos, con "Rocío" o "Los Campanilleros"?


          Teniendo estos palios sublimes, ¿quién se atrevería a sacar a Nuestra Santísima Madre en parihuelas? ¿Sería como tener un Montero y llevarla al cortijo en un Cuatrolatas? En verdad os digo que en esta tierra se ama a la Virgen. También que hay cariños que matan. [1]




                                                                                                          AUREO SANZ RUIZ


Publicado en el diario “ABC. Edición de Jerez” el 11 de Abril de 2001, Miércoles Santo.








NOTAS (Para lectores sevillanos poco hispalizados con escasos conocimientos béticos)


[1] De manos de una Compañía periconciliar que estaba echando a patadas su carisma ignaciano para, con los cantos de sirenas de hacer “Justicia” en reinos de este mundo, echarse en brazos del marxismo, pero conservando todo la soberbia jesuítica -¿Habrá algo más soberbio, por la parte buena y justificable, que la intelectualidad loyoliana o la pretendida superioridad de pensamiento y moral de un progresiaco socialista, por la parte pedestre y liberticida del materialismo y positivismo marxistas?- hubo unos intentos de enmendarle la plana a la religiosidad popular de esta Andalucía La Baja, sus tradiciones y la forma de celebrar la Semana Santa nuestras cofradías, en concreto las formas y usos del culto sagrado en sus procesiones durante las anuales estaciones de penitencia. Lo que supuso un fracaso en el caso de Los Javieres en Sevilla –hoy felizmente convertida a los usos de toda la vida de Dios en Omnivm Sanctorvm-, triunfó en Jerez. Parte del “establishment bien” de la ciudad quedó subyugado ante la idea de sacar a una imagen de la Santísima Virgen en parihuelas –y no en uno de esos pasos de palio llenos de telas, luces y dorados, propios de las coordenadas estéticas del populacho y de la mente calenturienta y catetona de los capillitas, ayunos ambos de cualquier sentimiento elevado ante la Belleza y la Verdad que encierra, etc. etc.- y ante argumentos tan chuscos como que aquello representaba el ascetismo castellano –y no que Castilla se había quedado en cuadros tras la experiencia Imperial y no había dinero ni para sacar un paso con el mínimo decoro, amén de la decadencia estética castellana, en particular, y del Arte Católico, en general, durante el Diecinueve- o, también, que así es como iba realmente la Madre de Dios camino del Calvario –como si alguna representación nos hubiera quedado, y no fuera fruto todo de la más piadosa y amorosa piedad popular sublimada por el Arte de los más altos quilates- se perpetró tal acto en forma de procesión que aún dura. Algo tan inconcebible como si la gente que usa lujosos vehículos todoterreno para trasladarse a sus propiedades rústicas utilizara empero un motocarro para llevar a su santa madre en tan proceloso cuan incómodo camino. 




Nuestra Señora de los Remedios


María Santísima de los Dolores


María Santísima de la Amargura


Nuestra Señora del Mayor Dolor


Nuestra Señora de la Piedad


María Santísima del Desconsuelo


María Santísima del Desamparo


María Ssantísima de la Confortación


María Santísima de la Esperanza


Nuestra Señora de la Esperanza


María Santísima del Valle


Nuestra Madre y Señora del Traspaso


Nuestra Madre y Señora de la Soledad


Santa María de la Paz


Nuestra Señora del Socorro


María Santísima de la Paz en su Mayor Aflicción


Nuestra Señora del Loreto en su Soledad


Nuestra Señora de la Estrella


Madre de Dios de la Misericordia


Pa' la Mama y pa'l Papa. ¿Una de magia o demagogia? ¿Corazonada o Traspaso? Con todo respeto a Vuestra Santidad pero debería ir en Mercedes, como la Patronita de Jerez.